La enfermedad de
Newcastle es una virosis contagiosa producida por un ARN-virus
de la familia Paramyxoviridae, que afecta a aves domésticas
(gallinas, patos, palomas, etc> y silvestres (lechuzas, águilas,
buitres, tucanes, etc). Cuando la enfermedad se desarrolla de
forma rápida pre~ominan síntomas septicémicos y las aves
mueren en
oco tiempo sin
desarrollar síntomas claros que hagan sospechar de
paramixovirosis. Por contra, cuando su desarrollo es lento
destacan signos de encefalomielitis (inflamación del sistema
nervioso central) como parálisis, problemas del equilibrio,
dificultades para comer y beber, temblores y tortícolis entre
otros.
HISTORIA
En 1.926 se
presentó en la Isla de Java una enfermedad, producida por un
virus, que afectaba a aves de corral ocasionando numerosas pérdidas.
En otoño de ese mismo año un barco transporta la enfermedad
hasta la ciudad Inglesa de Newcastle, donde es descrita por
Doyle. En 1.952 Dobons informa de la difusión mundial de esta
patología.
En un principio se
pensó, por la similitud entre los síntomas, que esta
enfermedad era peste aviar. En 1.950 queda claro que la
enfermedad de Newcastle o peste aviar atipica es una virosis
aviar, independiente, por tanto, de la peste aviar clásica.
Hasta 1.970 se
consideraba que las palomas resistían de forma natural esta
enfermedad. No obstante, a partir de
980 se describe en
numerosos palomares de la mayoría e los países europeos (España,
Holanda, Bélgica, Portugal, Reino Unido, etc), una nueva
enfermedad, que finalmente acaba reconociéndose como enfermedad
de Newcastle o paramixovirosis.
En 1.987, el Doctor
Veterinario Belga Guy Brasseur escribe acerca de la
paramixovirosis: "Se trata de una enfermedad en plena
evolución. El virus se adapta a todos los lugares, se
multiplica fácilmente y se extiende como una nube nociva por
todo el planeta... Los años venideros no serán mejores y la única
posibilidad de detener al virus será la vacunación total y
regular de cada colonia". Aunque no nos parece razonable
adoptar un tono tan catastrofista, éste, quedaría justificado
si así se consigue concienciar al aficionado de que esta
patología, por ser de origen vírico, solo se puede controlar
previniendo su aparición mediante vacunas. Tratamiento etiológico
(es decir que ataque a la causa directa de la enfermedad) no
existe, e incluso muchos paises prohiben su tratamiento sintomático,
ya que así lo único que se logra es favorecer la difusión de
esta grave enfermedad.
TRANSMISION DE
LA ENFERMEDAD
La transmisión
se establece por contacto directo con aves enfermas, a partir de
sus secreciones oculares, res-
piratorias y
digestivas, heces y orina. Es importante considerar la
posibilidad de que aves infectadas puedan no presentar signos de
enfermedad (infección inaparente o subclínica), aunque por ser
portadoras del virus lo diseminen, infectando así a otros
ejemplares.
Existe un contagio
indirecto, a través de restos de plumas, comida y agua, camas o
aire contaminados. Por tratarse de un virus muy resistente al
medio ambiente, se deben de establecer medidas higiénicas
severas en los palomares afectados para evitar contagios vía
indirecta.
La entrada en el
palomar de aves silvestres, así como de personas procedentes de
palomares cuyas condiciones higiosanitarias no esté
garantizada, podría suponer otra fuente de contaminación.
PATOGENIA y
SINTOMATOLOGíA
Los virus
contactan con células de la mucosa conjuntival y de la mucosa
oral y nasal (tras penetrar por los orificios naturales) donde
se multiplican. Tres días después de la entrada de los virus
en las aves, éstas eliminarán secreciones con poder infectante
hacia el exterior.
Inicialmente podrá
observarse, tras un periodo de incubación variable,
inapetencia, fiebre (>44 0C), apatía, tumefacción
conjuntival acompañada de epifora (lacrimeo), irritación bucal
y faríngea con exudación de un moco viscoso, y disnea
(dificultad respiratoria) con emisión de sonidos sibilantes al
respirar. Esta fase respiratoria suele ser poco significativa en
las palomas y puede pasar inadvertida.
En una fase más
avanzada de la enfermedad el virus penetra en el torrente
circulatorio diseminándose por todo el organismo. No obstante,
el virus manifiesta una preferencia por los sistemas digestivo y
nervioso, donde se multiplicará rápidamente produciendo una
diarrea acuosa que será el origen de una marcada caquexia en
los enfermos, y todo tipo de alteraciones nerviosa: andar
incierto o dando volteretas, tortícolis con un giro del cuello
a veces de hasta de 180 grados, parálisis de extremidades,
ataques convulsivos, etc. Algunos veterinarios describen también
descoloramiento del iris.
En los casos agudos la
enfermedad puede terminar con la vida del ave en 2-4 días,
siendo la mortalidad de un 90 a un 100 . En casos sobreagudos la
muerte acontece en horas, apareciendo muertos de un día para
otro ejemplares aparentemente sanos. En casos crónicos
predominan trastornos de tipo nervioso que aunque no suelen
conducir a la muerte, persisten como secuelas irrecuperables que
arruinarán la carrera deportiva de los palomos enfermos.
Es nuestra intención
desarrollar los aspectos más interesantes para el diagnóstico
y prevención de la enfermedad de Newcastle en un próximo número
de Palomos Deportivos.
Francisco G. Laredo
Alvarez Doctor en Veterinaria